¡Camina con nosotros!
Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero no lo reconocieron, pues sus ojos estaban velados. Él les dijo: ¿De qué discuten entre ustedes mientras van andando? Ellos se pararon con aire entristecido. Lucas 24, 13-32
Este texto destaca la acción de Jesús resucitado que transforma la vida de quienes iban tristes, desilusionados, que se sentían rotos en sus esperanzas y en sus vínculos. Cuando sufrimos podemos sentir que caminamos solos, sin Jesús y por tanto podemos experimentar que el sufrimiento es muy fuerte e incluso insostenible. Pero hay que tener la certeza de que él está con nosotros, que camina a nuestro lado aunque muchas veces por el dolor que sentimos no podamos reconocerlo, como pasó con los discípulos de Emaús.
En cada pérdida que sufrimos, en cada dolor que sentimos el Señor nos acompaña, se convierte en nuestro compañero de camino, puede ser a través de un hermano de la comunidad, a través de una palabra predicada, a través de la oración. Pero de cualquier modo él está ahí para recordarnos que no caminamos solos y que a pesar del dolor él nos da fuerzas y herramientas para enfrentarlo.
Que podamos como los de Emaús reconocer a Jesús que camina con nosotros y que esa misma certeza podamos llevarla a otros que también sufren ¡para que puedan abrir sus ojos y sus corazones a la esperanza, a la fortaleza, a nuevos horizontes, a la vida, a la presencia del Señor!

